En un mundo “competitivo” muy a menudo la mejor estrategia radica en conseguir “no competir”.

Esta aparente contradicción es fácilmente explicable:

Para empresas pequeñas el objetivo no debe de ser otro que buscarse un sitio cómodo en el mercado en el cuál desarrollar su actividad consiguiendo un posicionamiento único e inalcanzable por los grandes que ansían por abarcar todo cuanto ven.

Los recursos escasos por definición (la economía es la gestión de la escasez) nos hacen imprescindible elegir muy bien como asignarlos y en qué emplearlos. Generalmente esto significa aplicar estrategia.

De una definición de estrategia propia: “La estrategia es el arte de saber prescindir”, entendemos que más que decidir “qué hacer” es importante decidir “qué no hacer”, ya que las posibilidades de decisión son infinitas y los recursos más que finitos.

La única vía por lo tanto es descartar la gran mayoría de opciones para centrarse en, preferiblemente, un solo target a quien satisfacer con una propuesta clara de valor desarrollada sobre nuestra principal ventaja “competitiva”.

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